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Finalista del mes de febrero del Concurso de microrrelatos del Círculo Cultural Bezmiliana (V edición)

UN BANQUERO EN EL BANCO Cuando llegó el frío, todos los cajeros estaban ocupados, así que elegí un banco junto a una iglesia para instalarme. Pensé que sería un buen lugar para pedir, pero comprobé que la misericordia sólo se practica de puertas para adentro. Cansado de la indiferencia, me fui de allí proclamando a viva voz mi deseo de solicitar la apostasía. Siguiendo los consejos de los veteranos, opté por un supermercado. La generosidad de la gente me colmó de todo tipo de productos; con las hierbas, me hacía cigarros. Pronto, se me conoció en todo El Rincón como «el yonqui de las especias». Quise abrir una herboristería, pero el banco no me concedió el crédito y me dijeron, toma cilantro, por lo menos te hará sonreír. Al otro lado de la ventanilla, aún colgaba mi retrato de la pared del que fue mi despacho, antes del despido que me llevó al anonimato.

Voluntarios magos (Relato sobre COVID-19)

Los primeros días era divertido estar en casa, sin tener que ir al colegio, pero ahora me aburro un poco y echo de menos a mis amigas. Nos vemos por la cámara del móvil de mamá, pero no es lo mismo. Lara está empezando a andar y papá se pasa todo el día corriendo tras ella. Yo le ayudo a recoger mi habitación, a hacer la comida y a cuidar de mamá, ya que su cuidadora se tiene que quedar en casa con sus hijos. Un día, mamá me sentó sobre sus piernas y me paseó por la casa en la silla de ruedas. Jugamos a que somos piratas y, en nuestro barco, teníamos que encontrar el tesoro. Esa vez, estaba dentro de mi lapicero, y era una moneda de chocolate riquísimo. Después, me explicó que este año va a ser diferente a los otros debido al coronavirus, pues no ha habido Semana Santa, ni habrá fiesta de graduación, ni sabemos si podremos ir a la playa este verano… ¡Pero la Navidad se ha adelantado! Eso no me lo ha dicho, pero yo lo sé. Esa misma mañana, mientras Lara y yo veíamos los dibujos en ...

Primer premio del IV Concurso de Microrrelatos Círculo Cultural Bezmiliana

Empecé hace unos años a participar en concursos literarios, con, sinceramente, pocas esperanzas de ganar; era, más bien, una manera de entrenar mi imaginación, con la presión de cumplir con los plazos establecidos. Una noche del pasado mes de septiembre, repasando la lista de concursos cuya fecha límite de admisión correspondía al día siguiente, me llamó la atención uno convocado en mi ciudad natal, Málaga. A pesar del escaso tiempo con el que contaba, decidí probar suerte. Un domingo cualquiera, en el recorrido habitual por las redes sociales, vi un correo en la bandeja de entrada, relacionado con el citado concurso. Mi microrrelato había resultado ganador, ante mi sorpresa e incredulidad. No sé si será el único premio que reciba, pero lo que sí se es que me ha dado el impulso que necesitaba para regar mi pasión por la escritura a diario. *** La prensa llegó al paseo tras el aviso de una bañista que observaba la escena desde su toalla. En la entrada del túnel que conecta con La C...

A Jara

Llegaste en silencio y en silencio te has ido dejando conmigo un ruido tremendo. Recuerdo que abrazaste todo mi espacio y yo te abracé más fuerte que el tiempo. El pasado es ahora quien muerde los pies y el futuro late a un ritmo más lento. Qué equivocados están los que os abandonan los que aprietan el gatillo porque sois sólo perros. No saben que la bondad más profunda y sincera, como un juramento, te mira desde abajo como se mira a los dioses. Ahora miro hacia arriba para verte aunque no estés; siempre serás. Quizá con otro nombre, otra historia, otro ladrido. Otra manera de decir lo mismo. Me esperas. Te espero. Volveremos a vernos. Te prometo  en futuro. No puedo conjugar tu nombre  en pasado pues lo pasado  se apaga y tu brillo es eterno.
Imagen
Revista Zoque, edición n° 11. Imposibles no tan improbables. Gracias, Pilar. - A veces quema; otras, dibujo ángeles con mi cuerpo. Y son demasiadas veces las que dudo que existan allí arriba.

Loros y acrílico

Uno es de donde duele de donde nace la cadena que va enredando. Uno siente lo que tacha y tacha lo que no quiere sentir. No sólo de muerte es la tragedia y la cadena va apretando y apretando y hay muchas formas de morir. Las palabras dicen sólo letras y hay letras -y palabras- que no existen pero esconden un aborto de realidad que muere por nacer o que duerme. Cuándo vais a despertar. Os siento dentro, inquietas, buscando verdad a la que aferraros. Porque todo lo que existe tiene nombre pero no todo   lo que no tiene nombre no existe. Naceréis, palpitantes, de mí, de esta implosión que salpica a cuanto me rodea. Sin nombre somos aire; sin memoria, un instante. Os doy la libertad de no ser. No tocáis los diccionarios pero sois tan reales como la luz. Aquélla que usa el escritor para salvarse cuando pasan y se detienen estrellas fugaces en las noches de recordar. Uno es de donde llueve no sólo de donde nace también de donde muere. De donde aprende a olvidar . ...

Casi.

Febrero, Sóplame las velas Y apágame los sueños No sentencies mis arrugas Mis desvelos Que acunan mis brazos Cuando el alba no llega Haz que renazca como aquel día. Marzo, Derríteme este frío Que no estremece, pero quema Y de la profunda melancolía De no haber sido nunca mía Aviva el fuego de su hoguera. Abril, Apuéstale al sol que de este invierno salgo Tú, que en mutuo desacuerdo con la primavera, Bañada en flores la trajiste Tú, abril, llévame lejos Como el fruto que, por amor a la tierra, Abandona sus raíces. Mayo, Bórrame las cruces de la piel Que ya no hay días que contar Y de mis manos sus medidas Que duelen como niños En la guerra. Junio, Se acaba el curso, prepara las despedidas Rompes la rutina y cierras Con fuerza La puerta al paraíso Y me ensordecen aún todas las cicatrices Que emanan de las heridas Y de los te quiero que escuché Pero ella no dijo. Julio, Dile al sol que no me halague Que de su sangre mi piel ya está enrojecida Y...