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Mostrando entradas de abril, 2015

Imposibles.

Ella me cortó las alas y  dijo: “Vuela”. Rompió mis huesos y  dijo: “Ven”. Tapó mis ojos y me dijo: “Mírame”. Me atragantó con promesas y dijo: “Diles”. Me rajó los labios y dijo: “Estás tan guapa cuando sonríes…”. Me arañó la espalda y  dijo: “Llévame”. Se perdió en mis muslos y me dijo: “No grites”. Enloqueció mi reloj y  dijo: “No tardes”. Hizo a mi brújula perder el sur y me dijo: “Baja”. Mordió mis pies y me dijo: “Baila para mí”. Embriagó mis oídos con boleros y me dijo: “Nunca escuchas”. Me cortó los dedos y dijo: “Hazme temblar”. Me cosió la lengua y dijo: “Uno de Neruda”. Me apagó la voz y dijo: “Más fuerte”. Ella me vestía de imposibles e invitaba a mi espejo a no mirarme. Llenó mi papel de versos frustrados y mi memoria de su nombre. Y me dijo: "Ahora, bórrame".

Comienzo conmigo.

Yo, que vislumbro esperanza en lo que a nada se parece que consumo palabras a destajo y me tapo la boca para que no se escape el humo que lleno mi agenda de planes conmigo – y a menudo me fallo – que me contamino la sangre con cuentos de hadas (que me abandonan en el nunca y jamás vuelven) que me asomo a mi vacío y se me caen las alas que llamo hogar a las manos que tiemblan que no sé llorar sin echar de menos que no sé echar de menos sin echar de más que no conozco ausencia más puta que ésta que asfixio al mar con historias de naufragios y aún no sé nadar.

No más.

En aquellos momentos en que fuimos felices sin saberlo habría jurado que llegaríamos a ser más de lo que ahora somos, un recuerdo.