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A Jara

Llegaste en silencio y en silencio te has ido dejando conmigo un ruido tremendo. Recuerdo que abrazaste todo mi espacio y yo te abracé más fuerte que el tiempo. El pasado es ahora quien muerde los pies y el futuro late a un ritmo más lento. Qué equivocados están los que os abandonan los que aprietan el gatillo porque sois sólo perros. No saben que la bondad más profunda y sincera, como un juramento, te mira desde abajo como se mira a los dioses. Ahora miro hacia arriba para verte aunque no estés; siempre serás. Quizá con otro nombre, otra historia, otro ladrido. Otra manera de decir lo mismo. Me esperas. Te espero. Volveremos a vernos. Te prometo  en futuro. No puedo conjugar tu nombre  en pasado pues lo pasado  se apaga y tu brillo es eterno.
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Revista Zoque, edición n° 11. Imposibles no tan improbables. Gracias, Pilar. - A veces quema; otras, dibujo ángeles con mi cuerpo. Y son demasiadas veces las que dudo que existan allí arriba.

Loros y acrílico

Uno es de donde duele de donde nace la cadena que va enredando. Uno siente lo que tacha y tacha lo que no quiere sentir. No sólo de muerte es la tragedia y la cadena va apretando y apretando y hay muchas formas de morir. Las palabras dicen sólo letras y hay letras -y palabras- que no existen pero esconden un aborto de realidad que muere por nacer o que duerme. Cuándo vais a despertar. Os siento dentro, inquietas, buscando verdad a la que aferraros. Porque todo lo que existe tiene nombre pero no todo   lo que no tiene nombre no existe. Naceréis, palpitantes, de mí, de esta implosión que salpica a cuanto me rodea. Sin nombre somos aire; sin memoria, un instante. Os doy la libertad de no ser. No tocáis los diccionarios pero sois tan reales como la luz. Aquélla que usa el escritor para salvarse cuando pasan y se detienen estrellas fugaces en las noches de recordar. Uno es de donde llueve no sólo de donde nace también de donde muere. De donde aprende a olvidar . ...

Casi.

Febrero, Sóplame las velas Y apágame los sueños No sentencies mis arrugas Mis desvelos Que acunan mis brazos Cuando el alba no llega Haz que renazca como aquel día. Marzo, Derríteme este frío Que no estremece, pero quema Y de la profunda melancolía De no haber sido nunca mía Aviva el fuego de su hoguera. Abril, Apuéstale al sol que de este invierno salgo Tú, que en mutuo desacuerdo con la primavera, Bañada en flores la trajiste Tú, abril, llévame lejos Como el fruto que, por amor a la tierra, Abandona sus raíces. Mayo, Bórrame las cruces de la piel Que ya no hay días que contar Y de mis manos sus medidas Que duelen como niños En la guerra. Junio, Se acaba el curso, prepara las despedidas Rompes la rutina y cierras Con fuerza La puerta al paraíso Y me ensordecen aún todas las cicatrices Que emanan de las heridas Y de los te quiero que escuché Pero ella no dijo. Julio, Dile al sol que no me halague Que de su sangre mi piel ya está enrojecida Y...

Imposibles.

Ella me cortó las alas y  dijo: “Vuela”. Rompió mis huesos y  dijo: “Ven”. Tapó mis ojos y me dijo: “Mírame”. Me atragantó con promesas y dijo: “Diles”. Me rajó los labios y dijo: “Estás tan guapa cuando sonríes…”. Me arañó la espalda y  dijo: “Llévame”. Se perdió en mis muslos y me dijo: “No grites”. Enloqueció mi reloj y  dijo: “No tardes”. Hizo a mi brújula perder el sur y me dijo: “Baja”. Mordió mis pies y me dijo: “Baila para mí”. Embriagó mis oídos con boleros y me dijo: “Nunca escuchas”. Me cortó los dedos y dijo: “Hazme temblar”. Me cosió la lengua y dijo: “Uno de Neruda”. Me apagó la voz y dijo: “Más fuerte”. Ella me vestía de imposibles e invitaba a mi espejo a no mirarme. Llenó mi papel de versos frustrados y mi memoria de su nombre. Y me dijo: "Ahora, bórrame".

Comienzo conmigo.

Yo, que vislumbro esperanza en lo que a nada se parece que consumo palabras a destajo y me tapo la boca para que no se escape el humo que lleno mi agenda de planes conmigo – y a menudo me fallo – que me contamino la sangre con cuentos de hadas (que me abandonan en el nunca y jamás vuelven) que me asomo a mi vacío y se me caen las alas que llamo hogar a las manos que tiemblan que no sé llorar sin echar de menos que no sé echar de menos sin echar de más que no conozco ausencia más puta que ésta que asfixio al mar con historias de naufragios y aún no sé nadar.

No más.

En aquellos momentos en que fuimos felices sin saberlo habría jurado que llegaríamos a ser más de lo que ahora somos, un recuerdo.